El día que empezaba no tenía gran cosa de especial. Nuestro tren salía a la 1 de la tarde y llegaba a las 5 a Datong así que desayunamos por nuestra cuenta (casualmente en McDonalds XD), comimos pronto con esta gente y nos despedimos. El viaje a Datong, sin pena ni gloria, paso entre charla amena y una digestión agradecida.

Llegamos a Datong, lo que parecía (y posteriormente confirmaríamos) una ciudad fea de pelotas. Nuestro objetivo allí era irnos a ver unos templos colgantes en una montaña y unas cuevas (Cuevas de Yungang) llenas de budas. Nos habíamos informado y el CITS tenía una excursión barata a esos dos puntos así que nos pusimos a buscar. Nos paso la típica situación de que un hombre te dice que te lleva donde le has pedido y te termina llevando donde le sale de los huevos para venderte otra cosa. Un par de fintas y muchos “bu yao bu yao” nos libraron de el. 20 minutos después estábamos en la verdadera oficina del CITS contratando las excursiones. El tipo que nos atendió daba un mal rollo bastante serio y, ademas, tenía cierta obsesión con que pasáramos de nuestro hotel y durmiésemos en el que el nos decía porque estaba “mucho más cerca”. Después de ir al baño en ese hotel y casi morir devorado por cucarachas decidimos que nuestro hotel tenía mejor pinta. Contratamos la excursión y el tren a Beijing que, encima, era un nocturno que llegaba a las 5-6 de la mañana.
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