Hay momentos en la vida en la que por h o por b tienes la sensación de que un ente superior esta velando por ti y se lo curra para que el agua no te ahogue. La mañana que amanecimos en Hohhot ese ente superpoderoso se materializó en forma de lluvia para que pudiéramos escaquearnos de nuestro compromiso de nadar en un lago helado a las 6 de la mañana. Por desgracia para nosotros, los chinos-mongoles interpretan las señales como a ellos les sale del nabo place y pensaron que “lluvia” era más suave que “cae lava del cielo” y que por tanto podíamos seguir nadando en el lago. El resultado fue dos occidentales de 26 años en bañador rodeados de chinos de mínimo 50 a las 6 de la mañana planteándose que estaban haciendo con su vida. Sabiendo que no había más remedio nos tiramos, casi a la vez, de cabeza al agua.

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