Había llegado el día en el que por fin veríamos los Guerreros de Terracota. Son (o eran) de esas cosas que has oído tantas veces que terminas por no creerte mucho que estas allí a punto de verlos. Así que nos levantamos emocionaditos de la vida por tan magno evento.

Habíamos contratado una excursión, en contra de nuestra filosofía de no hacer nada organizado, dado que al preguntar a un taxista por cuanto nos cobraba no se desviaba el precio demasiado (y luego nos enteramos que se puede ir en bus muy fácilmente…). Después de desayunar y hacer un poco de tertulia ya estábamos en una minivan de unas 15 personas que no solamente apestaba a turismo corteinglesero sino que además venía con tres viejas españolas y escandalosas de serie. Con esta cara de españoles y nuestro “egque” no hubo manera de deshacerse de ellas y nos toco hacer de “chavales simpáticos que cuanto me recuerdan a mi hijo”. La cosa no pitaba bien pero…joder!!!íbamos a ver los guerreros!!! daba igual que nos acompañaran las primas gordas de Java el Hut.

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