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(…no te pongas triste ni tampoco me rechistes te aconsejo yo ….)

Sonaba la canción del verano y una mano buscaba desesperada un movil para poder apagarlo. Poco después me di cuenta que la mano era efectivamente mi mano y el movil efectivamente mi movil. Nos fuimos levantando con la sensación que te hace decir en los años de facultad “pufff para que voy a ir si entre que voy y vengo pierdo mucho tiempo” pero multiplicada por mil. Lo que no sabíamos era que el día que nos esperaba iba a ser uno de los más recordados del viaje.

Estábamos un poco descentrados ya que al contrario que otros días el sitio en el que nos habíamos despertado no lo habíamos visto aún con luz del día. Salimos al hall (más bien patiucho) y empezamos a hablar con la recepcionista con más cara de sopa que soy capaz de recordar (algunos cabrones la despertaron a las 4 de la mañana :)). Si una persona normal se levanta con los ojos cerrados pues un chino podéis imaginaros. El caso es que tras conseguir un mapa y unas cuantas indicaciones salimos del albergue culebreamos por las minicalles y acabamos llegando a una calle “principal”.

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Amanecía nuestro último día en Guilin y tocaba exprimirlo. Nos quedaba poca cosa que ver que no fuera similar a lo ya visto en esa ciudad con lo que el tiempo que pasamos hasta la hora de partida del tren (13:30) fue más un paseo de relax que el grand prix al que estábamos empezando a acostumbrarnos. El proceso fue el típico : dejar mochilas en el albergue>buscar destino> buscar transporte al destino > visitar todo lo visitable allí. En este caso “destino” fue igual a “Pico de la Belleza Solitaria”.

El Pico de la Belleza Solitaria es una minimontaña metida dentro de un complejo de templos que además alberga un laguito (la versión Guilinera y mini del palacio de verano de Beijing). Aquí se puede ver un plano del sitio:

Plano del Parque

A estas alturas ya habíamos visto las suficientes cosas impresionantes como para que esto no nos sorprendiera demasiado así que no le hicimos demasiadas fotos.

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