Existen ciertos días en la vida que, al acabar, te acuestas sonriendo y piensas “Esto se lo contaré a mis nietos”. En este viaje casi todos los días fueron así, pero, como no se los puedes contar todos a tus nietos, tienes que elegir unos pocos. Sin duda este iba a estar entre esos pocos.

Sumamos un “despertar” más a la cuenta y le siguieron un “desayunar” y un “prepararse”. Nos dio bastante pena el no haber gastado algún día más en ese albergue tan molon pero el deber nos llamaba. Nos fuimos a la estación de autobuses y nos montamos en uno que nos llevaría hasta lo que parecía, según las fotos, un parque natural precioso llamado Jiuzhaigou. Hasta ahí no había nada reseñable y en principio el día no iba a ser más que el típico “día puente” en el que pasaríamos la mayor parte de este en un transporte. Fíjense en nuestras inocentes caras de felicidad.

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