Tocaba, como empezaba a ser estandar, levantarse en un mar de dudas. Esta vez la duda principal era ¿como leñes salimos de aquí?. Como siempre dejamos al tiempo actuar y fue sin duda una opción muy acertada. Mientras desayunábamos el último (por suerte) platazo de arroz nos encontramos con los tres vascos con los que habíamos estado hablando esos días y que daba la casualidad de que se iban ese mismo día. Nos vino Dios a ver porque no teníamos ni idea de como llegar a civilización y ellos si. Así que tras empaquetar todo nos unimos a ellos en la expedición “salida del parque”. Pese a que nos pareció un infierno la cosa se puede resumir en 20 intentos de parar los autobuses del parque multiplicado por un par de transbordos. Hasta ese momento tampoco la ayuda de los vascos nos salvo de nada. La cosa cambió cuando uno de ellos nos llevo hasta la parada del autobús (ya fuera del parque) que llevaba hasta la estación de autobuses de la ciudad. Cuando digo “parada del autobús” lo digo porque ahí paraba el autobús…en caso contrario seria un trozo de calle perdida sin ninguna indicación de nada. Pero nada de nada de nada. No me puedo llegar a imaginar como una persona sin saber donde paraba el autobús podría encontrarlo por sus propios medios la verdad…
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