(Los días que estuvimos en Beijing fueron 5 pero, para no ser peñazo, es probable que fusione algún día y salgan 3-4 post/días)

Nuestro tren llego a su destino entorno a las 5:30 de la mañana, una hora genial para pasear por Beijing. Salimos del tren y nos llovió la típica marea de taxitimadores de las zonas turísticas. Si en una zona de turistas chinos los taxis te intentan timar un 20% en una de turistas extranjeros lo intentan hacer un 500%. Hicimos maniobra de evasión y nos fuimos a desayunas a un McDonald más alejado. La estrategia nos salio bien ya que, además de estar más lucidos con el estomago lleno, el taxi que cogimos en una zona menos transitada nos cobro la décima parte de lo que pedían en la estación. Llegados al hotel tan pronto no nos quedaba otra que dejar las mochilas y ponernos a patear Beijing (nosotros y nuestro sudor de tropecientas horas). El primer destino que toco visitar fue La Ciudad Prohibida.

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