Nos levantamos en nuestro Hotel Deluxe y nos pusimos las pilas para darle duro al día. La suerte de estar en Beijing es que ya podíamos desayunar lo que quisiéramos siempre y cuando no nos importara andar un rato. Andado ese rato llegamos a un McDonald en el que dimos rienda suelta a nuestra gordura. Había que coger fuerzas porque el día tenía pinta de que iba a cansar. El día anterior habíamos reservado plaza en una furgoneta que iba a la Gran Muralla. Lo realmente interesante es explicar que significa eso de “furgoneta que iba a la Gran Muralla”.

La Gran Muralla China es el ejemplo extremo del gesto “cierro la puerta de mi casa para que no entren”. Para dar clases de historia ya esta la Wikipedia pero, resumiendo, a los chinos no se les ocurrió otra cosa para mantener alejados a los mongoles que levantar un muro del copón cruzando miles de kilómetros. Actualmente hay trozos desperdigados por tropecientos sitios pero los más famosos/turísticos son 4-5 puertas (donde destacan Badaling, Mutianyu y Jinshanling/Simatai) que cuando llegas hay unos dos millones de turistas por metro cuadrado. No puedo afirmarlo 100% de todas porque solamente he estado en Badaling y visto los vídeos y fotos de Gorker en Mutianyu pero, tiene toda la pinta.


En este caso era diferente. La compañía que nos llevaba (esta) nos la recomendó una española que conocimos en Pingyao y que llevaba ya bastante tiempo viviendo en Beijing. Siendo sinceros, he de decir que me sorprendió que, siendo chinos, cumplieran con lo que promocionaban. Esencialmente (en lo que respecta al viaje a la muralla) ofrecían un trayecto exclusivo a un tramo de la muralla en la que solamente iban a estar las personas de esa furgoneta. Además el precio era incluso más bajo que el que te cobraba cualquier agencia por los sitios estandar. Cuando llegamos a la muralla entendimos, en parte, el por qué.

La furgoneta se para y te bajan en un bosque donde no ves muralla ni ves nada. Entonces el guía te dice “Ale! A Andar!”. Te pones a andar por el bosque y pasados 15 minutos llegas a un tramo un poco derruido de la muralla al que accedes a través de una escalera como las que usas en casa para pintar. En ese momento piensas…joder que pinta de legal que tiene todo esto XD. No pasan ni 5 minutos y te encuentras con cosas como esta que te hacen olvidar todo lo demás:

Había un mundo entre el paseo que me di esta vez y el que me di el año anterior. Ya solamente andar por zonas de la muralla en las que habían crecido arboles encima no tenía precio. De hecho, de cuando en cuando sufrías del típico “coño, para de hacer fotos!” y no sin razón.



Según pasaba el día los tramos se iban haciendo más complejos. Una parte que fue punto álgido sin duda, fue el tramo en el que a un lado teníamos la muralla y al otro abismo. Sumado a que teníamos medio metro de suelo hace que se entienda el por qué de nuestro miedo a matarnos. En la siguiente foto se ve, aunque algo mal, el tramo.

Una parte que llamaba bastante la atención eran aquellos trozos donde te metías, literalmente, dentro de la muralla.

La cantidad de fotos y vídeos que tenemos de este día son infinitos pero, como siempre mi paciencia para colgarlos es muy finita. Creo que con los siguientes ya hay suficiente material gráfico para un solo post 😄


El trayecto acabó en un pueblo 9 torres más allá donde descansamos viendo como un niño “desmaizaba” el maíz. Aquí nos comimos la sandía numero 20 del viaje y nos empezamos a plantear “que pollas les pasa a los chinos con las sandias?”. Quizá nunca lo sabremos jeje. El trayecto de vuelta lo pasamos hablando con el guía que, al vernos receptivos, nos invito a ir a cenar con él. Total que al final quedamos Nimrod, un alemán, el guía y yo. Horas más tarde estábamos en un taxi

y poco después zampando

Para poco más dio la cena salvo, quizás, para que nuestras lenguas muriesen en un picor infernal.

En el próximo y último post contaremos como Nimrod entró en crisis en el mercado de la seda y como casi somos apaleados por un chino que creyó ver a Nimrod mangando un dado.

Anuncios