Me desperté notando como algo me tocaba. Por desgracia para todos resulto ser Kebiin que debió de encontrar muy entrañable despertarme para informarme de su partida. Por supuesto lo primero que hice fue acordarme de su ascendencia y posteriormente hice lo propio con su futura y más que improbable descendencia. Volví a soparme. Lo siguiente en despertarme ya fue la alarma del movil informándome de que ya había que levantar el culo.

El día pintaba más bien aburrido por incluir un viaje de 7 horas hasta Pingyao. Pingayo era una de las ciudades que elegimos sobre la marcha. En principio íbamos bien de tiempo en lo que se refiere al viaje así que decidimos cambiar el recorrido incluyendo Pingyao – Baotou – Hohhot – Datong – Beijing. Ya veríamos si al final daba tiempo o no. Por el momento ya estábamos en la estaciones del norte de Xi’an y esperando al autobús. Después de la locura propia de encontrar los palitos que se correspondían con el nombre de Pingyao, nos liamos a codazos con todos los chinos que se querían colar para meter las maletas en el maletero. Entre tanto tumulto el señor Nimrod se despisto mirando a las musarañas y la puerta del maletero casi le corta la cabeza. Como resultado termino lo que restaba de viaje con una marca en el cuello digna del chupetón de Angelina Jolie. Ya subidos en el bus nos grabamos un vídeo protocolario.

El viaje se hizo corto (dentro de lo corto que puede ser un viaje de 7 horas) debido a que nos sopamos y que el tiempo que permanecimos despiertos estuvo aliñado con peripecias en la carretera propias de los chinos. Entre ellas destaca la de un coche que en plena autopista de 4 carriles de ida y 4 de vuelta se da cuenta de que hay un peaje delante y, ni corto ni perezoso, hace un trompo y se da la vuelta EN DIRECCIÓN CONTRARIA!!!. Viva la fiesta!!!. Ya la verdad que no nos sorprendían la mitad de las cosas que veíamos. Estábamos inmunizados. Una vez cruzado el peaje, le dijimos al conductor que nos avisara de cuando era Pingyao. La guinda la puso el que 10 minutos después frena el autobús en la cuneta donde había una moto-carro y nos dice el autobusero que el resto del viaje lo hacemos en esa moto-carro. Nosotros ya con un flipe incalculable cogemos las mochilas y nos montamos en ese pseudovehiculo que nos termina por llevar a un albergue que no era el nuestro. Por suerte, en el albergue nos encontramos a la dueña que hablaba un perfecto ingles y que nos indico el camino a nuestro albergue.

Lo cierto es que según pasaba el día la ciudad iba ganando encanto y, de hecho, por la noche molaba cantidad. Durante la tarde hicimos poco más que ir a contratar una visita para el día siguiente que recomendaban en los foros y dar un paseo hasta la estación para comprar los billetes de tren que usaríamos 2 días después. Ya por la noche nos encontramos a un grupo multinacional de gente en nuestro albergue que nos invito a unirnos. Nos invitaron a un licor tela de fuerte que casualmente volví a encontrar meses después en la habitación de mi compañero de piso.

Billar, risas y anécdotas cerraron un día tranquilo que nos dio fuerzas para lo que nos esperaba. Al día siguiente nos tocaría visitar un montón de cosas y pretendíamos estar a tope!

Más y mejor en el próximo post.

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