La lluvia torrencial que había cerrado el día anterior seguía cayendo mientras nos tomábamos un “desayuno americano” que tenía de americano lo que tienen los restaurantes chinos españoles de chinos. Habíamos llegado a ese albergue en busca de un parque natural lleno de lagos llamado Jiuzhaigou. Irónicamente en un principio la llegada a ese parque era colateral ya que nuestro objetivo principal era llegar a otro parque que se llamaba Huanglong (Dragón Amarillo) y que visitaríamos al día siguiente.

Desayunados y poncho en mano salimos del albergue en dirección al parque. Seguíamos teniendo suerte a la hora de elegir los albergues ya que en esta ocasión se podía ir andando hasta el parque natural en menos de 5 minutos. Llegamos a una entrada mezcla de Disnely Land y Doñana y nos encontramos una marea de chinos comprando entradas. Pagamos el precio de entrada + buses internos (si, de nuevo China y sus tamaños) y corrimos a la enfermería por el atraco que nos acaban de hacer. Todo esto metafórico claro, ya que los atracadores eran los que vendían las entradas. Es curioso que cuando estas en China más de 4 días pagar 20 euros por cualquier cosa te parece una barbaridad.

Empezamos a andar por el parque empapándonos (literal y figuradamente) de como iba el asunto. El mapa que conseguimos era parecido a este

y sabíamos que estábamos en la punta de abajo. Dibujo en mano el plan estaba claro: subir por una rama bajarla hasta el medio, subir la segunda y bajar todo hasta el origen. Después de las cosas que habíamos hecho…esto era una mariconada. Lo único preocupante era que llovía a cantaros y la niebla tampoco es que fuera escasa.

Pero, costándonos llegar lo que nos había costado, íbamos a recorrerlos así nos fuera la vida en ello. Tomamos una sabía decisión al tomar uno de los autobuses que había dentro del parque para que nos subiera toda la primera rama hasta el final. Viendo lo que tardamos en llegar descubrimos que iba a ser un día de caminar a tope. Todo eso se nos olvido al bajar del autobús y empezar a contemplar las primeras maravillas.



Los lagos del parque tenían un azul que hipnotizaba incluso en un día nublado como ese. Pasado un rato no teníamos claro si la lluvia era un handicap o una ventaja ya que el paisaje lloviendo tenía un encanto muy majo. Si los lagos eran una pasada, para las cascadas teníamos que inventar una palabra nueva



Con esos paisajes llegamos hasta la bifurcación del “tirachinas” que formaba el parque. Allí hicimos un piedra-papel-tijera sobre si la segunda rama la subíamos andando o en bus. Todos teníamos claro que independientemente del resultado del juego la opción iba a ser la segunda. Poco antes de subir al autobús entre en un baño que era bastante…curioso. La curiosidad radicaba en que el urinario y la taza estaban pegados. Cuando digo pegados me refiero a que si por un alineamiento de planetas había dos personas a la vez, una haciendo aguas mayores y otro menores, era imposible que la cadera de una no diera en el hombro de la otra…estos chinos… Una vez subida la segunda rama empezamos el descenso con unos paisajes igual de alucinantes que los anteriores.



y por supuesto cascadas como poco igual de bonitas.


Empezaba a oscurecer y se aproximaba la hora del cierre del parque. Teniendo las dimensiones que tenía, no dudábamos de que alguna persona se pudiera quedar dentro si no salía por su propia voluntad antes de la hora del cierre, así que nos fuimos pitando a la salida con una tonelada de fotos de un parque cojonudo.

Ya en el albergue nos encontramos a un par de personajes curiosos. El primero era un americano de 60 años que era dueño de una fabrica en China y que estaba reviviendo su segunda edad como mochilero. El hombre, tela de majo, nos contaba que tenía un problema serio ya que tenía que ir a Chengdu y que todas las carreteras que unían Jiuzhaigou y Chengdu habían sido cortadas por desprendimientos ese mismo día. ¿Os acordáis de quienes estaban en un autobús por esas carreteras el día anterior? . Vamos, que no nos sorprendió nada. El segundo personaje era la china que habíamos conocido en el bus (la misma que había cogido el taxi delante nuestro) y que nos hizo echarnos unas risas tremendas. Este vídeo lo deja claro

Hablando con Kitt (la china) nos contó que ella quería ir a Huanglong pero que estaba complicado porque sola le salia por un ojo el taxi. A nosotros nos venía de perlas porque para llegar allí necesitábamos alguien que nos consiguiera un taxi así que se lo propusimos, se puso a hacer llamadas y a hablar con gente de los alrededores y unas horas después ya teníamos taxista para Huanglong para el día siguiente. El americano nos dijo una cosa que tenía más razón que letras: “Esto es China. Si necesitas algo dilo a cualquiera, y en poco tiempo, aparecerá un hermano de un primo de un amigo que tiene eso que necesitas y que no le importara vendértelo”.

Y así fue como agotamos otro día más del viaje que empezaba a entrar en cuarto menguante.

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