Eran las 7 de la mañana y la alarma indicaba que empezaba el día. Nos acicalamos como pudimos mientras recogíamos el zafarrancho y nos dispusimos a salir rumbo a la siguiente ciudad Zhangjiajie. Para llegar allí (unos 200km al norte) haríamos uso de un autobús que rezábamos por saber coger. La buena noticia era que el día anterior hablamos con la chinorris de nuestro albergue y muy majamente nos hizo la reserva por teléfono del que sería nuestro hogar para los siguientes 3 días. Un dato curioso fue que al decirle Zhangjiajie la chica nos pregunto como tres veces si queríamos el albergue del “town” o de la “village”. Sin entenderla muy bien dijimos que lo que estuviera más cerca del parque natural y no imaginábamos lo cerca que podía llegar a estar. Antes de salir del albergue nos encontramos a un personaje destacado del viaje: EL SUPEROKUPA.

El superokupa es sin duda uno de esos tipos que según le conoces sabes que te vas a acordar de él. O de sus padres una de las dos cosas. Es bastante difícil describir al superokupa dando una idea precisa de lo que puede significar este “ente” pero haremos el intento. El personaje era un varón de unos 30 palos que no hablaba chino, ni ingles, ni nada salvo un español raruno. Viajaba solo (ole sus huevos) y su viaje era algo así como…aleatorio. En el momento de encontrárnoslo en Fenghuang venía de Shanghai después de 23 horas en un autobús sin que supiera muy bien donde iba y venía con un chino del que según el se había echo amigo y que “casualmente” seguía la misma ruta que él. Teniendo en cuenta su “no-ruta” esto es perfectamente posible. Lo mejor de todo es que planeaba (también) irse de vuelta a Shanghai a buscar a una amiga que sin saber por qué cada vez que el llegaba a una ciudad donde ella se suponía que estaba ella le llamaba para decirle que se había ido a otra. Hay gente que no pilla las indirectas… El caso es que en escasa media hora nos contó todo esto y mucho más y nos íbamos a acordar de él más adelante (ya os contaremos el por qué).

Despedidas y demás a parte nos fuimos a la estación de autobuses donde no tuvimos mayor problema en coger el autobús correcto y unas horillas después ya estábamos en la estación de autobuses de Zhangjiajie. Aquí, sin duda, estábamos muy perdidos. Había un cacao tremendo entre que significaba la ciudad y que significaba el pueblo. Preguntáramos a quien preguntáramos las indicaciones que nos daban eran muy raras y no terminábamos de entenderlas. El caso es que dando vueltas por la estación preguntado a todo quisque apareció una china que zumbada es poco para describirla. Además de tener unas uñas como lobezno (que por cierto me araño dos veces) no hacía más que gritar e ir de un lado para el otro de tal forma que nos indicó como llegar y pasamos totalmente de ella (gran error). Finalmente cogimos un taxi en la puerta, regateamos un ratejo para variar, nos pregunto 30 veces el sitio y arrancamos en dirección al albergue.

Durante el camino el hombre pareció más que interesado en saber donde íbamos pese a que en teoría le había quedado claro. La verdad que estábamos con la mosca detrás de la oreja ante tanta intriga. Sin duda, lo peor estaba por llegar.

Paramos a los que parecían (y eran) las puertas del parque natural y el hombre nos dijo algo así como “pa fuera, que hemos llegao”. Le miramos con cara poco amigable y le explicamos que de eso nada, que nosotros queríamos ir al albergue. Al ver que no nos movíamos salió del coche y volvió al rato con un hombre que hablaba ingles. El hombre nos explico que el taxista decía que nosotros habíamos dicho que sin problema el que nos acercara hasta la puerta y el resto lo hacíamos andando. Obviamente con nuestro nivel de chino le podíamos haber vendido a nuestras madres sin darnos cuenta. El caso es que ya en la desesperación le preguntamos cuanto tiempo había andando hasta el albergue. La respuesta fue…unas 6 horas!!!! Como que 6 horas cacho cabrón!!!!!! 6 horas con mochilas que pesaban un quintal por una ruta que desconocíamos y cuesta arriba. Lo cierto es que no eran realmente 6 horas. Eran unas 2 y media pero eso solo lo supimos al día siguiente cuando hicimos el trayecto en sentido inverso. En cualquiera de los casos era una locura así que volvimos al taxista, nos cagamos en sus muertos y le dijimos que como pollas íbamos hasta el albergue por un camino que no llevara 6 horas a pie. Con ayuda del que hablaba ingles nos explico que había un pueblo al norte, que tenía un autobús, que empalmaba con otro autobús que nos dejaba en la puerta. Ole nuestras pelotas. Para que os hagáis una idea en la siguiente imagen el círculo azul era donde nos encontrábamos, el círculo verde nuestro albergue y el circulo rosa el pueblo de entrada….tela.

Por supuesto nada de esto era gratis así que terminamos regateando de nuevo y siendo vilmente timados pagando dos viajes por llegar a nuestro destino. El siguiente rato en el taxi teníamos un mosqueo guapo y prácticamente ni miramos al conductor que nos soborno regalándonos un mapa (que por cierto, nos vino de lujo). Después de un trayecto que pasaba por pueblos, ciudades , charcos, granjas y demás llegamos a otra entrada del parque. Por suerte para nosotros esta vez no tuvimos que recurrir a discusiones pues el autobús estaba justo en la entrada (casualidades de la vida) y salimos pitando para pillarlo. Efectivamente lo que nos contaron en la otra entrada era cierto y tuvimos que coger otro autobús más hasta llegar a una caseta en mitad de la montaña que resultó ser nuestro albergue. Cuando lo vimos nos faltó llorar de la alegría. De hecho estábamos tan concentrado en ver donde llegábamos que pasamos por alto el lugar donde nos encontrábamos. Daba igual, teníamos 3 días por delante para investigarlo.

El albergue estaba en el mismísimo centro del parque. El esfuerzo no solo había valido la pena por el hecho de que obviamente desde dentro estábamos infinitamente más cerca de las cosas que desde la ciudad sino que además pagamos por 1 día y estuvimos 3 (los tickets para más días eran para la gente que entra y sale del parque). Un resumen de la historia:

El resto del día lo declaramos día de descanso (el único del viaje de hecho) y lo dedicamos a despachurrarnos en la cama, rememorar batallitas y a zamparnos platos de arroz y fideos por 10 yuanes que estaban de muerte. Al día siguiente nos esperaría la parte interesante del parque.

No os la perdáis!!!

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