Despertaba el cuarto día de nuestro viaje y nosotros con él. En esta ocasión los compañeros de habitación habían cambiado en su mayoría y compartíamos la supersuite con unos franceses, Callum y creo recordar un chino. Después de desayunos, duchas y demás preliminares del día nos fuimos again a la entrada del hostal. La excursión que teníamos contratada esta vez se dirigía a Longsheng, famoso por sus terrazas de arroz. Es curioso que en la carpetilla de las excursiones, en la parte de Longsheng, ponía: “Atención en este pueblo la gente no habla ingles”. Yo no se que pensarían que se hablaba en los demás sitios que habíamos ido pero ingles desde luego que no era.

Nos montamos en un coche con un conductor muy majo y dos horas y media de trayecto después estábamos a la entrada del pueblo de Longsheng. Más exactamente aquí:



Los carritos que se ven son unos “taxis” que funcionan como el troncomovil. Nosotros reconocemos orgullosos que en ningún momento del viaje usamos uno de esos (aunque fuera más por orgullo que por ganas).

Longsheng es un pueblecillo convertido claramente al turismo que, según parece en las fotos, tienes que verlo cuatro veces al año: Verano, Primavera, Otoño e Invierno. Al parecer cada época del año deja los arrozales con un aspecto alucinante. Nosotros en particular lo vimos en la fase verde-amarillo. Nos dimos un paseillo rápido por el pueblo viendo el equivalente a Santillana del Mar en China con un porrón de turistas de todas partes del mundo y sufriendo el típico sentimiento que resume la frase “que asco damos los turistas”. Asqueados de tanta gente y viendo que la excursión no estaba mereciendo la pena especialmente nos lanzamos a la escalada extrema y salimos pitando colina arriba por los senderos que hacían desaparecer a los turistas. Pasados 15 minutos ya estábamos practicamente solos en el ascenso y empezábamos a entender el por qué… Con 400º a la sombra y una humedad del 400% a mitad del ascenso no había mucha diferencia entre nosotros y una bolsa de sudor. No deja de ser curioso que entre el momento que encontramos un canal de agua y dijimos “la de bichos que debe tener esto” y el momento que empezamos a echarnos “gorrazos” de agua por encima para soportar el calor no pasaron ni 10 minutos (y no sería la última vez que nos pasa algo parecido). El sacrificio de deshidratarnos sin duda tuvo su recompensa

Seguimos subiendo y subiendo hasta que se nos acabó la colina. Arriba había un letrero que parecía indicar el camino hacía un pueblo (a saber a que distancia) y unas señoras chinas con una melena enrollada enormemente larga con cierta obsesión por hacerse fotos con nosotros y llevarnos al pueblo (probablemente ambas cosas cobrándonos). Por supuesto no tuvieron éxito y a la única que hicimos caso fue a la que llevaba bebidas a la que, además, dejamos sin stock. Paseamos un ratin más por la alturas encontrando cosas curiosas como tumbas (si, parece que los chinos también mueren)

o arroz secándose al sol (si, parece que el arroz no crece en los paquetes de SOS)

Avanzaba el tiempo y empezaba a sonar nuestro estomago. La bajada iba a ser decididamente más llevadera que la subida. Seguimos un sendero que giraba a nuestra derecha y pasados 10 minutos nos empezamos a encontrar gente. Parece que habíamos hecho el trayecto en sentido contrario a todo el mundo (otra constante en el viaje). Entre la gente nos encontramos a Callum que flipo un poco al vernos por allí. El camino nos termino llevando al punto de partida en el pueblo pero poco antes de comer hicimos unas fotillos al pueblo

Nos metimos en uno de los cientos de restaurantes y comimos lo que parecía “típico para turistas” que venía siendo pollo con cosas no identificable cocinado dentro de un tronco de bambú. Estaba malisimo XD. Llenos y felices terminamos el trayecto de vuelta a la entrada del parque y nos encontramos con el conductor a la hora pactada (más o menos). Ya metidos en el coche el chinorris nos ofreció ir a otro lado y como no sabemos decir que no (ni en español ni en chino) pues allá que nos fuimos. El resultado fue que acabamos metidos en una barquita adentrándonos en lo que parece ser se llamaba “Cueva de la flauta de caña”. Como ya se dijo…son todas iguales (aunque no por eso poco curiosas).


De vuelta en el taxi nos encaminamos al albergue donde se iba a poner interesante el rumbo del viaje. El día anterior nos habíamos percatado de que había una oficina del CITS muy cerca del albergue. Teníamos que gestionar los trenes a los siguientes destinos así que allí que fuimos. Para disgusto nuestro (aunque luego se tornaría en un beneficio cojonudo para el viaje) las gestiones no fueron como teníamos ideadas:

En el video se nos ve ya una vez “solucionado” el problema y no se nota la gravedad del asunto. Lo que realmente paso unos 30 minutos antes fue que al decirnos que no existía la conexión que queríamos tuvimos que recordar todas las ciudades que se nos ocurrían para hacer escala, comunicarnos con unas chinas que sabían el mismo ingles que yo tagalo y recalibrar tiempos todo en tiempo real. Hay torturas en Guantanamo que son más llevaderas que esa media hora. Ya mentalmente agotados, nos fuimos a darnos una ducha y a salir un ratín para despejar la mente y hacer un poco el gamba.


incluso nos dio tiempo a dar unas clases de español,

De vuelta en el albergue, hicimos un vago amago de tomarnos algo en el bar que teníamos dentro pero el cansancio gano y nos toco irnos a la piltra. El día siguiente tendríamos nuestro primer viaje largo en tren en China y prometía no decepcionar. En el siguiente post lo contamos.

Aguanten sin nosotros!!!

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