Habiéndonos acostado cerca de la 1 el levantarse a eso de las 6:30 no se puede calificar como agradable precisamente. Como prueba de ello aquí está el jetorro de Gorker recien levantado (con dedicatoria para nuestra compañera Tania incluida):


Al levantarnos la habitación se convirtió en un hervidero. Además de nosotros cuatro había un chino y un ingles que habían contratado, al parecer, excursiones parecidas a las nuestras. El ingles (Callum, un futuro profesor muy majete) tendría razones para odiarnos durante los próximos años. El por qué esta contado de palabra en un vídeo que pongo más adelante. Una vez duchados Gorker y yo nos bajamos en busca de papeo matutino.

La sala del desayuno era una zona bastante cosmopolita en la que muchos viajeros se acumulaban y los idiomas pasaban de “casi lo entiendo” a “¿como puede hacer eso con la boca?”. Buscamos una mesa más o menos limpia y nos pasamos por la zona de “comida”. Aquí pongo el entrecomillado porque hay cosas que no tengo la certeza de que realmente fueran comida en el sentido estricto de la palabra. En lo que llevábamos el plato a la mesa aparecieron Nimrod y Kebiin partiéndose de la risa. Nos contaron una historia cojonuda relativa al baño y que de nuevo, se cuenta en un vídeo un poco más abajo. He de advertir que un viaje a China no es un viaje a China sin infinitas anécdotas que tienen que ver con cagaderos. So…id acostumbrándoos ;). El resto del desayuno pasó entre risas sobre anécdotas vividas esos días. Total llevábamos…3 días en China! jeje.

Llegadas las 7:30 nos arremolinamos con el resto de la gente de las excursiones en la entrada del albergue. La entrada parecía la ONU. Diez minutos después ya estábamos montados en un minibus la mar de curioso. (el sonido ya sabéis como es :()

El paisaje iba cambiando según avanzaba la mañana y para cuando llegamos al “embarcadero” ya estábamos en los paisajes de Bola de Dragón. Una horda de por lo menos 30 personas (si, el turismo apesta) nos distribuimos en unas barquichuelas de bambú con motor y nos liamos a dar un paseo que duraría cerca de 3 horas. En este punto se podrían poner millones de fotos y vídeos pero el post se haría enorme (más enorme si cabe) así que pondré una pequeña muestra (el resto de fotos podéis verlas en la galería)



En el último video no es que este dormido…es que estoy hablando con Kebiin mentalmente. Es bastante difícil describir esa zona con palabras pero al menos decir que todo lo que te esperas antes de verlo se queda corto. Sabíamos que era una de las pocas ciudades de turistas “internacionales” que íbamos a visitar y estaba claro el por qué. Realmente, los esfuerzos para montar el viaje estaban mereciendo la pena de lejos.

El paseo continuo y llenamos las memorias cámaras de millones de fotos que luego costaría filtrar. Dos horas después ya estábamos atracando en la orilla de Yangshuo. La excursión tenía cierta parte de aventura que se resumía en “ahora toca volver”. Se suponía que había algún autobús “fácil” de encontrar que viajaba de Yangshuo a Guilin…que bien suena la palabra “fácil”. La parte buena de todo esto es que no teníamos que preocuparnos por el momento pues era más o menos la hora de comer. Estando como estábamos en una calle cuchitril cualquier sitio en el que decidiéramos comer iba a mantener su esencia chinesca así que nos sentamos prácticamente en el primero. Puede verse aquí:

Con la boca llena de fuego por las p… ancas de rana salimos del restaurante sin saber muy bien que hacer. Dimos una vuelta por una miniciudad sin mucho que aportar hasta que pasamos por delante de un local que, suponíamos, gestionaba excursiones y demás. El local tenía un mapa de “esta usted aquí” con foticos de sitios cercanos. En particular tenía una foto de lo que después averiguaríamos que se llamaba la Cueva del Dragón. El caso es que muy chulos nosotros dijimos que a ojo se podía ir andando. Ya se sabe que el hombre es el único animal que patea largas distancias en China varias veces cuando no debería. Total que media hora después y 5 kilos menos de peso perdidos en sudor empezamos a negociar con un moto-carrito-taxi la mar de majete. No puedo resistirme (aun a riesgo de burla popular) a poner el dialogo con el chino-carrito-taxista (que llamaremos CCT):

– Afura : Queremos ir aquí (de las pocas cosas que sabía decir)
– CCT: Ok, 50 yuanes.
– Afura: No! Muy caro. 500 yuanes!
– CCT: …comor? (esto lo deduzco por su cara).
– Afura: Esto…nada nada…

Descojone de todos incluido conseguimos cerrar el precio. Me gustaría decir que esto fue acordar el precio y ponernos en dirección al sitio peeeeero, no. Existe una constante en el viaje que denominamos Costante del Consome Panchi que dice que da igual a que sitio estés a punto de ir que Gorker estará cagando. Este caso no fue una excepción. Con un hombre desesperado porque nos montáramos (parecía que estuviera haciendo algo ilegal) la espera se hizo eterna. Rato después apareció Gorker con una sonrisa de oreja a oreja (mientras le insultábamos para variar) y nos montamos en el moto-carro-taxi. No podía faltar un vídeo del paseo y lo que empezaba a ser un estandar de conducción.

Llegamos a la Cueva del Dragón, pagamos X (con X pequeño) por la entrada y nos metimos en la primera cueva psicodélica china. Lo de psicodélica es porque por alguna razón que a día de hoy desconozco a los chinos les chiflan las luces de colores. Si el día de mañana tenemos que entrar en una guerra con ellos el arma de destrucción masiva sería la luz matamosquitos en versión XXL. Si creéis que mi descripción es exagerada mirad:

Lo mejor de todo fue que la visita era guiada y el resto de chinos nos miraba con cara de “¿se estarán enterando estos de algo?”. La cueva es lo que se ve en las fotos así que si el día de mañana vais a China entrad solo una vez en ese tipo de cuevas…todas son iguales (al menos las dos que estuvimos nosotros). Salimos y ahí estaba nuestro conductor (normal pues le habíamos pagado la mitad solamente) y empezamos lo que suponíamos era el camino de vuelta. Wooong! Error again. A mitad del camino el conductor señalo la lejanía, nos dijo cualquier cosa que no entendimos (pero a la que accedimos sin dudar) y hizo un giro de rally metiéndose por un camino perpendicular. Al parecer el hombre le apetecía ver un pueblo que había cerca y le venían bien los guiris que tenía en el coche para que le pagaran la entrada (unos 3 euros). El caso es que hicimos con el hombre una visita a un pueblecillo que seguramente impresione si no has pisado Asturias o Cantabria pero que a nosotros no nos dijo mucho. Lo que valió la pena de ese desvío fue el paseete sobre barca improvisada (4 palos) que dimos en una charcha y que pareció alegrarle el día a nuestro conductor.


Salimos del pueblo para definitivamente volver al albergue. El caso es que no sabíamos muy bien donde leñes ir y le indicamos al conductor que queríamos ir a lo que parecía sobre el mapa de la Lonely Planet una estación de autobuses. El hombre hizo unos cuantos gestos a lo que le dijimos “Guilin! Guilin!” y el hombre asintió y se puso en marcha. Lo siguiente que nos pasó es algo que también se convirtió en estandar en el viaje. Mientras que estábamos en el vehículo no identificable del hombre, supuestamente camino a la estación, el taxidriver hizo media rotonda en dirección contraria paro a un autobús al estilo Bruce Willis y nos hizo una de “meteros meteros!”. Nosotros con nuestro asombro nos metimos, pagamos nada y menos a una señora en la puerta y ala! de camino a Guilin. En China las marquesinas son como los semáforos. Saben que existen pero realmente no saben para qué.

Nos sumergimos en un profundo (tan profundo que a Kebiin le birlaron el movil) sueño y despertamos cuando nos echaban del autobús ya en Guilin. Cenamos, hablamos con nuestras respectivas familias, hicimos algo de vida social y nos fuimos a la piltra esperando que el día de mañana siguiera manteniendo el nivel.

Todo esto y mucho más después de la publicidad!

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