Bueno, esta es la primera entrada común que hacemos en el blog, pensamos en hacerlo así porque todos los recursos que tenemos para presentaros son vídeos. Por lo que pasamos de repetirlos, de paso os ahorramos leer dos veces lo mismo.

Que os aproveche la entrada, es larga por los videos, por lo que poneros cómodos, pillad palomitas y disfrutadlo!!

Las esperas en las estaciones de trenes, autobuses y aeropuertos casi nunca eran aburridas en el estricto sentido de la palabra. Casi siempre algún chinorris flipaba viendo un occidental, o había algo (donde algo= millones) que nos llamara la atención o ambas cosas. No obstante la espera del tren Suzhou – Wuxi fue de las que marcan un antes y un después. Lo cierto es que hasta entonces íbamos distraídos de la vida y en ese caso particular acabamos apalancados sobre nuestras mochilas en una esquina de la estación. Pasado un rato empezamos a ver una creciente expectación en un grupo de chinos que seguramente tendrían pintas de chinos raros pero por aquel entonces para nosotros se cumplía “chino raro = chino”. Total que como una imagen vale más que mil palabras un video tiene que valer un puñado de ellas…comprobadlo… (el sonido es bastante malo. Para el próximo viaje cogeremos dispositivos con mejor audio).

Según iba pasando el tiempo los, digamos, Locomia Chinos iban tomando confianza y pasaron de las indirectas a las directas claras y concisas

El surrealismo crecía y lo que parecía una inevitable noche más calentitos de la cuenta se convirtió en un “Corred insensatos!!” en cuanto apareció el tren en la vía. Casualmente uno de los bujarrillas (el más jovencito) continuo nuestra aventura hasta llegar a Wuxi incluso.

El trayecto en tren “pico de pato”, como son conocidos los trenes bala en los países civilizados,  paso sin pena ni gloria con poco más que algunos comentarios sobre lo poco probable que era el que nos saliera bien lo que pretendíamos hacer. Lo cierto es que no eramos del todo pesimistas ya que por el momento tampoco habían salido muchas cosas mal.

Llegamos a Wuxi. La estación tenía una pinta bastante lamentable que, sumado a que ya era de noche, no nos hacía imaginarnos en absoluto que esa ciudad albergara un buda de 88 metros de altura. Deambulamos un poco buscando la salida y para nuestra sorpresa encontramos a una occidental. AYUDA!!!….woooong error. Es curioso que cuando encontramos algún espécimen de nuestro mismo tipo tendemos a pensar que es bueno y nos va a ayudar. Nosotros aprendimos en este viaje que en China hay más chinos dispuestos a ayudarte que occidentales (y no precisamente por la proporción). En este caso particular hablamos con una ¿sueca? de 4000 kilos y fea como un orco (igual esto no es real pero me gusta recordarlo así) que intento evitarnos a toda costa y cuya única aportación a la conversación forzada fue: “Los hoteles de por aquí no son para extranjeros”. Parece que en eso llevaba razón pues leyendo la Lonely Planet encontramos que dentro del cuarto de hoja que le dedican a Wuxi la mitad es referente a que los hoteles en Wuxi se utilizan de burdeles. Así que salimos flipando de la estación y esperando que lo menos raro que encontrásemos fuera…un dinosaurio.

Salimos por fin de la estación y tardamos relativamente poco en encontrar un taxi que nos llevara, o intentara llevar, a la dirección que ponía en la guía. Los detalles de como nos pegamos con el taxista para entendernos los obviamos pues ya empezaban a ser estandar. Wuxi no pasaba de ser una ciudad en construcción (como media China) que tenía una pinta horrible de noche y no mucho mejor de día pero seguía siendo una novedad todo lo que veíamos así que nos valía para ir mirando por las ventanillas.

Pasado un rato el taxi se paró en una avenida y nos bajo del taxi señalando un sitio que parecía de todo menos un albergue. Pero claro, eso es lo que me parecía a mí. Vosotros me diréis que os parece…

la frase final acaba con un “algo así como que tiene una habitación con 1 persona dentro”. Y…¿habría entendido bien?…veamos…

Habitación conseguida!!!! Estábamos en estado de shock y poco nos creíamos la potra que habíamos tenido. Estábamos exhaustos después de un día de intensidad infinita y por fin teníamos un colchón donde dormir. Tras una visita relámpago al baño confirmé que en esos baños tenebrosos del albergue un servidor no iba a ducharse (por posible ataque de los miles de bichos que los poblaban).Aún sin haber visto a nuestro compi chinorris (que resultó ser un tipo majo y calladete) nos organizamos para el momento de sopar no sin antes hacer una última grabación sobre el día.

Nos tumbamos cada uno en su catre y yo me cubrí hasta la cabeza con el saco de dormir para protegerme de las arañas-cocodrilo. A los quince minutos de estar en la habitación y mientras Alberto y Miguel escribían chorripolladas varias que servirían para crear estas entradas en el blog, el chino hizo acto de presencia. Primeramente pulsó el interruptor de la luz, suponiendo que dentro estaría apagada evidentemente la apagó, entró, y esta vez si, encendió la luz haciendo el típico sonido de asombro asiático “UOOOOOOOOOOOOO”, al vernos en las camas y suelo. El chino cogió material de su mochila y se fue al WC, estuvo un buen rato dándole caña a lo que le estuviese dándole caña. Miguel se hizo una barrera de almohadas y sabanas para protegerse del aire acondicionado que le daba de lleno en su cama… Ya totalmente derrotados caímos en brazos de un Morfeo que debía de tenerlos como Stallone. El día siguiente preparaba mucho más surrealismo y aventuras de las que esperábamos pero….para eso estábamos allí!!

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