Despertamos con un regustillo a incertidumbre y emoción pegado al paladar que auguraba un día bastante intenso. Para variar, nuestras previsiones de cuan intenso iba a ser estaban sesgadas por la inexperiencia y pecaban de ser excesivamente bajas. La misión del día era conseguir los billetes a Suzhou, llegar allí, vernos la ciudad y pillar otro tren a Wuxi para hacer noche en esta última.


Empezamos el día duchándonos en las duchas más o menos limpias del albergue y comprobando por primera vez como se puede uno duchar y estar enteramente sudado a los 3 minutos de haber terminado. Yo por mi parte me pase media mañana descojonándome del puñetazo que le solté a Aliberto en la espalda en el ascensor cuando trate de huir del baño que había colapsado con fideos (grande historia que creo cuenta Gorker en su diario). Salimos del albergue, llegamos a la estación y nos encontramos en una sala con 14 millones de chinos 7 ventanillas y muy poca idea de que decirle a la taquillera.

Estación de trenes de Shanghai

Pasado el primer momento de estres hicimos cola en la primera de las 7 que pillamos. Aquí anotamos otra muesca en nuestra libreta de momentos surrealistas cuando tras sonar un anuncio por megafonía que obviamente no entendimos esos 14 millones de chinos salieron corriendo de la estación dejándonos a nosotros 4 mirándonos las caras en estado total de alucine. He de decir que a día de hoy no se que llevo a todos esos chinos a desaparecer de la estación pero el caso es que nos permitió llegar a la ventanilla mucho más rápido. Aquí tuvimos buena y mala suerte. La buena suerte fue que la taquillera hablara ingles. La mala que los billetes más tempranos a Suzhou eran para las 3 de la tarde (ouch!) desarmando un poco el plan y haciendo después que nos perdiéramos prácticamente Suzhou (si hubiéramos regateado con ese taxista que nos ofreció….).

From lost to the river decidimos aprovechar la mañana viendo el Templo del Buda de Jade. El templo no estaba mal para ser el primero que veíamos y nos sirvió para echarnos unas risas con un voluntario (aka tio que te intenta sacar la pasta) del templo y ver a un hombre dibujando con las palmas de las manos de una manera bastante llamativa. Pasado el ratejo del templo nos fuimos a la estación billete en mano a pillar nuestro primer tren interurbano no sin antes hacer una de las fotos que nos salvaría el culo mas adelante

Entramos en la estación y empezamos a buscar el nombre de Suzhou en los carteles luminosos. Dicho así esto parece fácil pero cuando esta labor consiste en fijarte en muchos palitos e intentar averiguar si son iguales a los que has visto escritos hace un rato la labor se parece más a un “encuentra las 7 diferencias” extremo que a otra cosa. Con mucha paciencia lo logramos y nos pusimos a esperar en la sala correspondiente que, como no, estaba petada.

Sala de espera en Shanghai

Según se aproximaba la hora de llegada del tren nos fuimos arrejuntando a la marea china que conformaba la cola y fuimos calentando motores. Esta iba a ser la primera subida a un tren y queríamos disfrutarla. Cuesta encontrar un símil con la apertura de puertas de la estación cuando llega un tren en China pero, supongo, que el más acertado sería algo así como un Grand Prix tamaño XXL con gente cargada con las cosas más variopintas del planeta a sus espaldas y una agilidad solo conseguida por años de evolución ferroviaria. Total que subimos al tren y estuvimos una hora de trayecto de conversaciones absurdas hasta que llegamos a nuestro destino.

Suzhou

Suzhou según la Lonely Planet es “un pequeño pueblo de 6 millones de habitantes”. Vamos que todo el mundo sabe que Madrid es un campamento… La verdad que a nosotros no nos pareció excesivamente grande pero tiene lógica dadas las densidades poblacionales que se dan por aquellas lejanas tierras. Aparecimos en la estación un poco desubicados para variar y con las ideas bien claras: Billete>Consigna>Taxi. Y en esta, como en otras tantas, el plan nos salió. Primero fuimos a unas maquinitas que tenían para comprar los billetes y después de un rato de toqueteo conseguimos los billetes a Wuxi en un tren que llegaba cerca de las 22:00. Segundo fuimos a la consigna que parecía un matadero y que tenía un chino más bien poco hablador como encargado. Regateos, mímica y gesticulación nos garantizaron alojamiento para las maletas al menos unas cuantas horas. Es una lastima que no tengamos fotos de la consigna porque era de esos sitios donde lo primero que piensas es “ahí no dejo mi maleta ni de coña”. Solo nos quedaba encontrar un taxi que nos llevara a ciudad (donde pronto descubriríamos que no íbamos a ver nada XD) y parecía que encontrarlo no era difícil. Otra cosa era que estuviera disponible…

Un buen rato más tarde nos montamos en un taxi y empezó una batalla encarnizada por hacernos entender. Si algo he aprendido de este viaje es que bajo situaciones de necesidad el hombre es capaz de sacar habilidades que desconocía. En mi caso fue la habilidad de recordar cada una de las frases que había oído decir a mi hermano en chino (nota: mi hermano es chino-parlante) así como todas las que aprendí en mi viaje anterior. El resultado de todo eso fue que el chino no solo nos llevo donde queríamos sino que entendimos que estaba cerrado. No obstante le dijimos que nos dejara cerca y nos pusimos a dar una vuelta por la ciudad y por todos los puntos turísticos con sus respectivos carteles de “Cerrado”.

Pagoda chapada en Suzhou

Canal en Suzhou

Cansadetes de haber pateado todo el día nos metimos en un “Hot Pot” a cenar haciendo tiempo hasta que tuviéramos que ir a la estación. Aquí volvimos a pecar de novatos y quisimos creer que “picante” es una palabra que en todos los paises significa lo mismo. Que poco sabemos…

Finiquitamos la cena, pagamos alucinando de los precios en China y nos pusimos en marcha hacia la estación. Allí conseguimos que nos devolvieran nuestras maletas el chino de la consigna de antes. El, y un colega que se había buscado, nos hicieron unos gestos tope de raros cuando le dijimos que veníamos de “Sipanya!”. Hoy sé que se referían al mundial de fútbol. ¡¡¡Por fin somos internacionales!!!. Contentos de haber recuperado nuestras pertenencias nos metimos en la estación pensando en la que se nos venía encima yendo a esas horas a una ciudad perdida del mundo de Dios y sin alojamiento. Lo lógico hubiera sido haber esperado tranquilamente el tren pensando en como íbamos a montárnoslo las próximas horas pero, unos curiosos personajes nos “amenizaron” la espera de forma más que inesperada…

Pero esa y muchas más historias tendrán que esperar.No os lo perdáis que el siguiente tiene telita fina!!!.

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