Después de este descanso que hemos tenido en el posteo de entradas, llegamos con la nueva entrega, espero que disfrutéis leyéndolo como nosotros viviéndolo.

Día 3 (2 De Agosto Shanghai)

Hemos llegado a la Puta de Oriente, uno de los nombres por los que se conoce a Shanghái por la época de los burdeles y los fumaderos de opio.

Al llegar al aeropuerto y pasar el control de pasaportes, recogimos las mochilas. Ciertamente tiene mucha gracia que consigamos salir antes del aeropuerto de Shanghái que del de Moscú. Estaba todo muy preparado, seguramente debido a la EXPO, pero la organización fue estupenda y las colas ínfimas.

Descubrimos también que el cambio de moneda sale mejor si se hace en el aeropuerto, ya que nosotros cambiamos en España a mas o menos 1€=7,5 Yuanes y en el aeropuerto estaba sobre 1€=8,4 Yuanes.

Bueno, salimos y fuimos al andén del Maglev, el tren más rápido del mundo, por unos 5€ al cambio cada persona. Aunque ensombreció nuestro ánimo descubrir que depende de la hora llega a una velocidad máxima u otra, en esta ocasión fue de 300km/h que no es poco.

¡Al salir del tren recibimos el primer bofetón de calor!

 

Comic bofetón de calor

Comic bofetón de calor

Después nos metimos en el metro donde había mucha gente, lo bueno es que bastó un solo transbordo para llegar a la parada más cercana al hostal Youth hostel.

El metro está curioso, con vallas en los andenes que solo dejan hueco donde se supone que el vagón parará y coincidiendo con la puerta, además es donde aprendimos que las flechas en china no siempre se interpretan como en España. Ya que en el suelo hay vinilos o lo que sea que indica que la gente que va a entrar se ponga en los laterales, dejando el centro para que la gente que está en el interior pueda salir. Pero los chinos se ponen justamente delante de la puerta, tanto para salir como para entrar y a la vez avanzan hacia su destino.

Al salir del metro al fin apreciamos estar en China, no bastaba con ver miles de chinos, necesitábamos sentirlo, y al ver las calles, con millones de moto-taxis, los carteles en las fachadas de las tiendas, ¡el ambiente!, es difícil de explicar pero esa fue la primera sensación que tuve de estar en china.

Llegamos al hostal que estaba relativamente cerca del metro, pero bastó para tener nuestra primera experiencial al cruzar la calle. Básicamente la gente cruza cuando quiere, y como quiere, andando, corriendo, es igual, los chinos nunca retroceden y las luces de los semáforos carecen de sentido. Con la luz en verde comenzamos a cruzar, pero vinieron coches y nos paramos un poco, seguidamente, una china avanzó entre ellos, y la seguimos, de repente la luz cambió a rojo, y comenzó la carrera de la supervivencia, los coches venían hacia nosotros en todas direcciones, todo el mundo pitaba, los peatones corríamos haciendo fintas como gallimimus perseguidos por un T-Rex.

Una vez en el hostal hicimos el check-in, y subimos a la 6º planta de las 6 plantas que tenía el hostal, el ascensor solo subía hasta la 5º, por lo que la última la hicimos andando y pasamos junto a una venta abierta que debía dar al infierno, porque entraba todo el calor del mundo por ella. Después vimos que daba a la zona del tejado donde estaban todos los aparatos de aire acondicionado.

Dejamos las mochilas en la habitación que para nuestra satisfacción tenia aparato de aire acondicionado propio, lo cual celebramos entre abrazos y lágrimas.

Decidimos darnos una ducha para quitarnos el sudor de viaje y bajamos en dos turnos, Alberto y Urko y Sergio y yo mismo. De las duchas del hostal, comentar que están bastante bien, primeramente eran espaciosas, y no había problemas con el agua caliente. Lo curioso es que al cerrar el grifo, y comenzar a secarse, uno se daba cuenta del sutil cambio que se da al secar la piel de agua o de sudor, así que la ducha no sirvió para absolutamente nada, si China quería que la recorriésemos sudando y oliendo a chotuno, tenía una forma muy directa de hacérnoslo saber.

Cogimos las mochilas pequeñas de excursión y salimos a ver Shanghái, los objetivos eran, el malecón o bund, que es la zona del río, frente al SkyLine o ciudad financiera y la zona antigua de la ciudad.

La primera impresión fue similar al llegar a Shanghái, en el Metro no se notaba mucho la diferencia y fue al salir cuando flipamos con la cantidad de chinos que había, era curioso ver como Alberto sacaba varias cabezas a cualquier chino. Además apreciamos como nuestro amigo Sergio tenía su primera crisis de agobio por exceso de gente y es que las calles estaban llenas de gente, gente que iba y venía, todos ellos chinos, a todo esto se añade el hecho de la circulación de vehículos a motor, donde las motos, eléctricas para que no se las oiga y sin la luz encendida, hacían las trayectorias que les venían en gana tanto, convirtiendo el hecho de cruzar en toda una aventura.

Hacia calor, mucho calor, por lo que aprovechamos para comprar agua para no morir deshidratados, esta es una costumbre que tuvimos repetir durante todo el viaje. Al comprar el agua cogimos además algunos de los miles de zumos de frutas y otras cosas que se ofrecían en la tienda, en este caso uno de zumo de arándanos, que estaba delicioso.

Paseo frente al SkyLine

Frente al SkyLine, foto realizada por un chino con tembleque!

 

Después de andar a lo largo del paseo del río hasta quedarnos sin fuerzas y con un implacable dolor de cabeza fuimos a comer a un Subway. Donde comimos un bocata del tamaño de una barra de pan que nos sentó de vicio.

Después vimos que había un trencito que cruzaba el río por debajo, y decidimos coger unos tickets para la ida y vuelta además de visitar una de las terrazas de los rascacielos del SkyLine, pero eso sería después de ver el barrio viejo de Shanghái.

Una vez que nos introdujimos en una de las calles perpendiculares al paseo, la gente empezó a desaparecer, las calles se mostraban ligeramente menos cuidadas y empezamos a ver puestos de comida en la calle.

Callejón de Shanghai

Las calles parecían las de cualquier barrio de mala muerte de Madrid, pero lo que realmente fue un reto, fue lo de echarle valor para entrar en uno de los callejones. Al principio Urko se animó, tomo la cabeza del grupo, pero ponto se acojono diciendo que no sería una buena idea, a lo que tuve que responder empujándole callejón adentro metiéndome junto a él, una vez dentro todo estaba hecho, no podíamos permitir que los chinos nos viesen retroceder.

Avanzamos por el estrecho callejón, calles estrechas, rodeados de paredes mohosas, desagües que daban al propio callejón, mirando hacia arriba se veían miles de barras de hierro o bambúes que cruzaban de una fachada a otra con ropas colgadas, al fondo vimos a un anciano que nos saludaba con la mano, nos acercamos a él haciendo lo propio, pasamos a su lado y fue cuando nos dimos cuenta de que en china, el gesto de “hola” occidental significa “cuidado esta calle está cortada”. El anciano nos guió por las calles para poder salir del callejón y fue cuando nos cruzamos con un chino que iba sin camiseta, una botella en la mano y cara de pocos amigos, cuando nos hicimos caca en los pantalones, nos cruzamos con él sin que hubiese mayor percance, giramos un par de esquinas más y enfilamos hacia el fondo del callejón donde se apreciaba la salida, no sin antes tener que oler la mayor de las pestes que he olido en mi vida, no solo había un baño público, donde parecía que todos los habitantes de la zona hacían sus necesidades sino que al lado estaba lo que podríamos llamar la basura, básicamente un montón de desperdicios de comida y otras cosas, que con la humedad y el calorcete de China creaban una atmósfera apestosa que generaba arcadas en quien la respirase. Avanzamos un poco más deprisa, y cruzamos entre un grupo de chinos que estaban con sus sillas en la calle, como se hace en muchos pueblos de España, que sonrieron al vernos pasar. Y al salir del callejón el contraste fue tremendo, ya que solo girando la cabeza teníamos delante el SkyLine. Sin duda China es un país de contrastes y esta era la primera prueba.

…Continuará.

Bueno, debido a la inmensa cantidad de texto que hay, vamos a cortar un poco el asunto, asi que en breve continuaré con este primer día en China.

Hasta entonces un saludo y recordad:

“¡El chocolate chino no es chocolate!”

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