Si algo sabíamos es que contar toda esta batalla nos iba a llevar tiempo y viendo el paso al que vamos lo terminaremos de contar en el 2013. Cosas de la vida laboral que no perdona a nadie. Dicha esta chufa-excusa continuemos donde lo habíamos dejado.

Llegamos a Shanghai después de dormir malamente y con los niveles de adrenalina rozando el tope. Lo cierto es que estábamos bastante menos cansados después de 12 horas de vuelo + 15 de escala de lo que lo estábamos con solo 4. Recogidas las maletas y dando gracias al cielo porque estas apareciesen empezó la fiesta. Lo primero, para no desentonar con el resto de guiris, foto con Jackie Chan:

Después de medio segundo para situarnos (mil veces más rápido que en Moscú) nos fuimos directos a la búsqueda del Maglev. La mala fortuna y las pocas ganas de esperar hicieron que pillásemos el horario en que este tren va a 350km/h (en lugar de los 420km/h que llega a alcanzar).

Llegamos a una típica estación central (típica para lo que nosotros entendemos por típica) y ya empezamos a ver a los chinorris haciendo de las suyas. Para empezar en Shanghai hay más gente que en la guerra y el metro no es la excepción. Un fenómeno a tener en cuenta en el metro de Shanghai es el que se podría denominar “efecto melée”. Este consiste en que a pesar de que tienen flechas indicando las posiciones que tienen que ocupar las personas de dentro del vagón y de fuera los chinos prefieren hacerlo a lo rugby y lanzarse en un todos contra todos según se abren las puertas. En este preciso punto de mi vida entendí que mis mañanas de metro de Madrid luchando con viejas a codazos estaban dando sus frutos.

Ratejo y pico después y con un solo trasbordo nos paramos en la estación del albergue y salimos al exterior a empezar a respirar China. Las caras que suele producir China la primera vez que la pisas (y más desembocando ahí) suelen parecerse a las que salen al intentar hacer raiz de 23 de cabeza y a 5 decimales. El shock de calor + chinocientos chinos + carteles hasta en las ruedas de las bicicletas son algo difícil de describir. Superado el estupor nos repusimos y empezamos a hacer las cosas que hacen todos los guiris i.e. señalar y comentar. “Mira un Mc Donald en chino!”, “Mira un coche en dirección contraria!”, “Mira un chino señalándonos”. Sin duda, no sabíamos lo que nos esperaba…

Total que con un mapita y un par de intentos nos plantamos en el primero de una larga lista de albergues en China. El lugar estaba relativamente bien y para ser Shanghai en expo era más de lo que esperábamos (y además para una noche nos valía). Una vez instalados y libres de carga nos lanzamos a la aventura. Teníamos dos objetivos: El Bund y la Pearl Tower.

Llegar al Bund es algo muy, muy fácil. La técnica consiste en bajarte en cualquier boca de metro cercana y seguir a una marea de gente que ira en esa dirección. Aquí hay que hacer un alto para explicar lo que significa marea de gente. Imagina que se alinean los planetas y que se acumulan enfrente de Cortilandia la gente normal en ese evento + el Bernabeu entero + los fans de un concierto de Bisbal…..mariconadas en comparación con la gente que hay en el Bund. Así que siendo literalmente arrollados nos plantamos en el paseo por el borde del río cuyo atractivo mayor es (además de la propia marea de gente) las cacho de vistas que tiene.

y los tios buenorros que posan enfrente

incluso alguno consigo mimetizarse con el entorno

Habíamos alcanzado el primer hito del viaje y tan solo llevábamos unas horas. En el siguiente post contare como continuo el día, como empezaron a llegar los primero momentos surrealista y a que se parece Shanghai de noche…aguanten sin nosotros!!

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